La política es linda, lo malo son los políticos

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Me encontraba tomando un par de tintos con algunos amigos, cuando uno de ellos, observando la publicidad de un candidato al Congreso de la República, dijo, “antes los políticos, al menos, decían cuáles eran sus propuestas y proyectos para llevar a cabo en una posible elección, ahora ni eso, solo pegan carteles en las paredes y cuelgan vallas entre poste y poste con su nombre, su partido y su foto”. Al escucharlo, dije, tiene la razón.

Para las elecciones de Senado, Cámara de Representantes y Parlamento Andino hay inscritos, según la Registraduría Nacional del Estado Civil, 2.538 colombianos que ambicionan alguno de los 268 escaños. No conozco los proyectos de ninguno, no tengo idea de quiénes son realmente, y en verdad, no me interesa conocerlos… igual sus ideales a cumplir cuando se encuentre en el poder son solo “casas construidas en el aire”.

Los políticos que se observan por ahí, pegados del poste, pintados en un mural o, estampados en la camiseta de una linda chica con buenos atributos, solo son representaciones del candidato, pero, ¿dónde está el hombre tangible?, ¿por qué no veo al político demostrando con razones y no con ideales retóricos lo que hará cuando llegue al poder?

Que le demuestre al pueblo lo que forjaría por el bienestar de los ciudadanos, en caso de ser elegido. Pero no es así, ¡si se aparece!, aparecerá días antes con un tono famélico implorando votos a cambio del cielo.
Estos seres con rostros de santos católicos –lo único que les falta es la aureola y una pequeña oración tras su estampa– son rémoras que se alimentan de la imagen, buena o mala, de políticos más reconocidos como un Pardo, un Fajardo o un Uribe. Hombres y nombres, que de igual modo, prestan su imagen para que los votos seguros del “político término medio” paren en un futuro, específicamente para las candidaturas presidenciales, en sus arcas. Ambos políticos ni se deben conocer.

Los logos de un partido no significan, ahora, nada. Conjuntos amorfos que reúnen a varias sanguijuelas que comparten algún ideal parecido, tal vez el de poder o el de dinero.

El hombre cuando llega al poder se corrompe, con algunas excepciones –pocas –, y en Colombia, muchos de ellos antes de llegar a él, son corruptos. Los 2.538 colombianos que buscan ocupar uno de los tan ansiados puestos parlamentarios son inteligentes, saben que el profesional en el país no tiene garantías y el obrero gana 515.000 pesos. Siendo así, es mejor ganarse unos cuantos millones en un sillín del Congreso o el Parlamento Andino.  La política es linda, lo malo son los políticos.

 
Comentarios (3)
No todos son malos
3 Miércoles, 03 de Marzo de 2010 19:22
Candidato
La cuestión es examinar con lupa. Tampoco podemos dejar en manos de los corruptos este bello país. Es cierto, votar es un arma de doble filo, pero existe gente que quiere con honestidad cambiar el rumbo hacia la paz y la justicia. También es justo escuchar buenas propuestas.
votar
2 Viernes, 26 de Febrero de 2010 20:27
Daysi
cuando llegara la hora de las lacras?
Ja ja ja
1 Viernes, 26 de Febrero de 2010 18:14
Álvaro no Uribe
Los políticos son malos... para estas elecciones no tengo por quién votar, no votaré.
esos pocos políticos buenos me gustaría verlos o será que son de otro lado, porque en Colombia solo dejaron desechos.

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