El sábado pasado, subí con la gente bonita de la Escuela Interbarrial allá alto, a Bello Oriente.
Para llegar a nuestro destino nos demoramos una hora larguita, y sí, Bello Oriente queda en Medellín, en la comuna tres. ¡Increíbles los paraísos que guarda esta ciudad más allá del metro cable y esa biblioteca del otro lado del mar!
Cuando llegamos nos contaron que hace un tiempo la Alcaldía le prometió a la población que iba a poner una serie de equipamientos como hospitales y centros educativos, pero nada más puso un CAI. ¿Por qué? Resulta que dentro de poco se va a construir el tal “Cinturón Verde”, un muro verde que va a rodear la ciudad para que no pueda expandirse más, y así evitar que la gente que llega desplazada de otras regiones pueda encontrar un sitiecito en este mundo para vivir... Pensaba yo sobre el asunto: Si continúa la desigualdad, sigue la miseria; si sigue la miseria, continúa el conflicto; si permanece el conflicto, seguirán surgiendo más desplazados... entonces, ¿qué pasará con la gente que llegue a la ciudad por la fuerza? ¿cuáles son las opciones? ¿es que se nos está olvidando que Medellín se formó (y aún se sigue formando) por el desplazamiento forzado, por personas que han llegado de otras tierras y han construido esta “gran esquina de América” que pisotea a sus propios hijos? En fin, la cosa es que ese CAI, probablemente fue construido allí para proteger de la gente al Cinturón.
Nos bajamos del bus justo en ese CAI y empezamos a caminar para llegar a la sede comunal de Bello Oriente. En esa zona nos encontrábamos en la Cruz y a unos diez minutos estaríamos en Bello Oriente.
Mientras caminábamos, pasamos justo por el sitio en el que el 31 de mayo desalojaron en La Cruz a niños, mujeres, ancianos, hombres... a punta de gases y empellones. Se me heló el corazón al ver ese pelón de tierra, árido e infértil, desolado y tétrico, donde antes habían ollas, risas, juegos y toda la alegría que trae el vivir en comunidad. Todos nos quedamos estupefactos, pensando que esas familias que ahora están a la intemperie, botadas en una cancha de fútbol, bien podrían estar allí viviendo mejor. Escuché una voz: “¿es que no podían tirar ese Cinturón más pa` arriba pa` dejar a esas familias ahí?” Luego, a la distancia, alguien vociferó: “¡La gente viene desplazada y tienen que sufrir otro desplazamiento! ¡La guerra los desplaza, y aquí y allá el Estado no se queda atrás! ¿Cuánto más tienen qué sufrir?” Aún no se sabe con certeza, pero más de 10.000 familias serán víctimas del desalojo gracias a esa belleza del Cinturón Verde.
Llegamos a la sede comunal. Comenzó la escuela cuestionándonos ese eslogan con que la Alcaldía se soba el hombro, a propósito de lo que pudimos observar en el recorrido y de la sesión anterior de la Escuela: “Medellín, un lugar para la vida”. De nuevo, por un lado está el discurso oficial y a la otra orilla la realidad de la gente. ¿Un lugar para la vida una ciudad en la que 50.000 personas carecen de vivienda?, ¿En la que 30.000 familias se ven obligadas a vivir en zonas de alto riesgo, porque la Alcaldía sí tiene plata para CAIs pero no para las comunidades? ¿En donde hay 35.000 hogares que no tienen acceso al agua potable y a la energía eléctrica?
Cifras y cifras se fueron deslizando frente a nuestros ojos, números detrás de los cuales yacen miles de personas padeciendo día con día las peores calamidades... el frío, la humedad, el viento, el hacinamiento, la sed, el encierro, las enfermedades... la más descarnada miseria... Y a su vez, el aliento de fortaleza y los esfuerzos de aquellos que estaban a mi lado por edificar una ciudad que garantice una vida digna para sus habitantes...
Me levanté para despejar ese terrible sin sabor en mi boca y allí, en esa ladera de humildades y esperanzas, salí al encuentro de uno de los más bellos atardeceres que en esta corta vida he tenido la fortuna de presenciar...
Por Macabea
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Admin. Plano-Sur