
El pasado 20 de julio, Colombia celebró de forma ostentosa doscientos años de “independencia” y “libertad”; esta fecha, una de la más importantes del país, fue celebrada con espectáculos de fuegos pirotécnicos, conciertos en la mayoría de ciudades del país y desfiles militares que congregaron grandes grupos de personas y en las cuales se gastaron grandes cantidades de dinero; pero, lo más triste de esta gran fiesta es que después de doscientos años, aún Colombia no conoce el verdadero significado de ser ‘’libre’’.
Este fue un día en el que el amarillo, el azul, el rojo y el orgullo de ser colombiano fueron los principales protagonistas, pero lastimosamente, fue sentimiento de un solo día, porque en este país llamado Colombia, el sentido patriótico se ha ido desvaneciendo hasta convertirse en un sentimiento que brota en ocasiones como ésta, porque no nos digamos mentiras, ¿cómo podemos hablar de un sentir patrio cuando muchas personas ven un mejor futuro lejos de aquí?, cuando dejamos que gobierno tras gobierno hagan con nuestro futuro lo que les da la gana, cuando tratamos con desprecio nuestra riqueza natural, cuando nuestra riqueza cultural se limita a decir que Colombia es pasión, cuando dejamos que nuestros sistemas de salud y educación cada vez sean peores, cuando olvidamos a nuestros campesinos y a las víctimas del conflicto armado de nuestro país, o cuando seguimos atados a las cadenas de otros países que guían nuestro destino tanto en lo político como en lo militar. ¿Cómo podemos entonces engañarnos diciéndonos que somos “colombianos libres e independientes”?
Otro de los asuntos que resulta un poco contradictorio dentro del marco de esta conmemoración son los gastos que nuestro gobierno hizo, pues teniendo en cuenta que Colombia tiene un índice de pobreza del 45.5% y el índice de indigencia es del 16.4%, es sorprendentemente triste que se gasten solo en una noche 2.700’000.000 millones de pesos en pólvora para iluminar el cielo por 30 minutos; claro está, que este fue un espectáculo que si bien pocas veces se puede apreciar en la ciudad, contrasta fuertemente con la realidad de los índices.
Es lógico pensar que es mejor que la plata de nuestros impuestos la quemen a que se la roben la cantidad de corruptos que hacen de las suyas en las administraciones o que mejor la gasten en pólvora para divertir al pueblo y no en pólvora para seguir con nuestra guerra sin fin y que a fin de cuentas sirve para matar a nuestro pueblo.
La gran reflexión que debería dejar esta celebración es que si fuimos capaces hace 200 años, con todas las circunstancias en contra, de librarnos del yugo español, porque ahora que tenemos más mecanismos para defender nuestros derechos no podemos liberarnos de la politiquería, la corrupción, la violencia, el olvido y el control político de países externos… que al igual que España (en su momento) se está llevando todo lo bueno que nace en estas tierras y está sumiendo al pueblo colombiano en un sin-futuro. Es justo entonces pensar en una nueva y real independencia, una que nos de una verdadera libertad que perfume todas nuestras montañas para que todos los colombianos la podamos aspirar.
Por. Helena Giraldo Marín